Dumbo nos hace revivir emociones de la infancia recordando lo merciless que puede ser el humano


Hace 78 años que Dumbo llegó a los cines para quedarse grabado como uno de los personajes animados que más emocionaron a todo el mundo. Aquel elefante de las orejas gigantes nos hizo sufrir el dolor de la pérdida y la crueldad del bullying, nos despertó el amor por los animales y la ternura de la inocencia con una historia de apenas 64 minutos que ahora regresa como una de las grandes apuestas del universo de los reboots de Walt Disney.

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La casa de los sueños está desempolvando el baúl de los recuerdos estrenando nuevas adaptaciones de acción actual o CGI de sus grandes clásicos. Cenicienta, Maléfica, El libro de la selva y La Bella y la Bestia allanaron el camino con éxitos multimillonarios. Unos tras otros. Y este año llegan tres remakes, y en tan solo cuatro meses: Dumbo, Aladdin y El Rey León. Y más tarde, en octubre, la secuela de Maléfica (que no sería un remake en sí al ser una adaptación libre del hada malvada del cuento de La Bella Durmiente).

Tras el éxito económico de su versión de Alicia en el País de las Maravillas -años antes de poner de moda sus reboots- Disney vuelve a poner uno de sus clásicos en manos de Tim Burton. Y de todos ellos, sin dudas, Dumbo es el que mejor se ajusta al universo de personajes incomprendidos de este cineasta.

Dumbo es una película diferente al resto de remakes de acción actual vistos hasta ahora de la casa. No es una copia fiel, sino que es una adaptación que distribuye el protagonismo entre el elefante y los humanos del circo, con homenajes a la unique. Esta Dumbo es distinta.

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Si bien la base de la trama es la misma, con la llegada de un elegante bebé de orejas gigantes del que todo el mundo se burla y su historia de superación volando por los aires, la película se expande más allá añadiendo a los personajes de Colin Farrell, Eva Inexperienced, Danny DeVito y Michael Keaton. Farrell interpreta a un domador de caballos que regresa al circo tras la guerra. Al igual que Dumbo, él también es diferente tras haber perdido un brazo, siendo relegado como la estrella heroica del present a un jornalero más de la troupe. Allí lo esperan sus hijos, quienes han perdido a su madre por culpa de una gripe, y llevan años sin conectar con su padre. Ellos también se identifican con Dumbo después de que el pequeño elefante es separado de su madre.

Y entre medias tenemos al codicioso dueño del circo (DeVito), a una trapecista valiente (Inexperienced) y a un villano avaro que quiere a Dumbo en su espectáculo (Keaton).

Aquellos espectadores que recuerden a Dumbo como una de las películas más influyentes de su infancia reconocerán enseguida las señas y homenajes que Burton hace a la cinta de 1941. Desde la primera secuencia con el tren, el humo, su ruido y su sonrisa; a la tristísima separación de Dumbo con su madre; el reencuentro entre los barrotes y la escena de la borrachera que aquí se adapta a los nuevos tiempos cambiando el alcohol por unas inocentes pompas de jabón. Pero la misma música inolvidable.

Al igual que la película unique, esta versión recurre a la manipulación de emociones a través de un personaje diseñado para provocar la ternura más extrema, señalando la crueldad del ser humano como punto de partida principal entre Dumbo y el circo.

Pero es en la expansión de la historia a través de los humanos que la película flaquea. Pretende abarcar más de lo que puede y en el camino se pierde la conexión entre la historia y el espectador, dividiendo nuestra atención entre humanos sin carisma y un elefante que nos roba el corazón. Al intentar distribuir el peso del protagonismo, la película se pierde entre arcos inconclusos o apresurados, dejándonos una película easy y dirigida al público más infantil de la casa. O al más nostálgico.



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